Después de sufrir una trombosis (siendo el peso una de las causas), lo tomé como una señal de mi cuerpo de que ya era hora de cambiar.
Como ya estaba cansada del efecto yoyó, de comer demasiado y después sentirme culpable, y de estar obsesionada con pesarme casi todos los días, busqué ayuda profesional: la Dra. Ana Rita.
Ella me ayudó a ver la comida y mi peso con otros ojos. Me mostró que la comida puede ser nuestra aliada en la pérdida de peso, siempre junto con otros factores (agua, ejercicio físico, etc.). Fui empezando con pequeños cambios:
- Agua: empiezo con un vaso de agua al despertarme. Cuando llego al trabajo bebo 1 o 2 más y un té. Siempre llevo una botella de agua (700 ml), que intento beber antes de comer, y otra después de comer. Antes de dormir, otro té.
- Atención a las cantidades en el plato, y nunca faltan las verduras.
- Presto más atención a las etiquetas (productos con poco azúcar y poca grasa).
- Como 2 piezas de fruta al día.
- He reducido el consumo de alcohol (queda para ocasiones especiales o eventos sociales).
- Si me apetece algo dulce, lo como justo después de la comida.
- Siempre tengo verduras en el congelador, pan de cereales, avena y cereales más nutritivos, yogures, leche y queso bajo en grasa.
- Hago 2 horas de deporte a la semana en grupo (es más divertido) y 1 hora en casa.
- Camino más: si voy a la compra en coche, aparco lejos de la entrada, y siempre subo por las escaleras, aunque sea a un 4.º piso.
Con estos cambios no siento la necesidad de comerme una bolsa de patatas fritas o una tableta de chocolate entera. Soy capaz de comer un trocito, y solo por placer.
Me siento con más energía, más ligera, más feliz. Y no estoy haciendo una dieta, estoy reaprendiendo a comer y a estar sana.